El medio fluvial, en condiciones naturales, cuenta con unos mecanismos que hacen innecesaria la ejecución de limpiezas. Sin embargo, la presencia de infraestructuras sobre los cauces, y la progresiva alteración del régimen hidrogeomorfológico y de los usos del suelo en sus márgenes y llanuras de inundación ha dado lugar a un incremento exponencial de estas actuaciones. El aumento constante en el conocimiento de la dinámica de los sistemas fluviales y el nuevo marco normativo impuesto por la aprobación de la Directiva Marco del Agua, han puesto en tela de juicio, la necesidad, y muy especialmente, los procedimientos de aplicación de las actuaciones de limpieza de cauces. Por esta razón, es preciso llevar a cabo una evaluación crítica del nivel de cumplimiento de los objetivos planteados durante los últimos años para este tipo de intervenciones. En la mayoría de los casos estas intervenciones tan sólo han paliado el problema (no sus causas) temporalmente, pero favorecen que dichos problemas se repitan e incluso se agraven en el futuro. Por tanto debe rechazarse rotundamente la idea generalizada de las limpiezas de cauces como solución a los problemas de inundaciones, y exponer un conjunto de recomendaciones sobre su ejecución, que puedan incrementar el éxito de las mismas cuando de verdad se compruebe que pueden tener sentido.

A continuación se presentan algunos de los principales impactos negativos de las habituales operaciones de limpieza de cauces:

  • Fuerte incremento de los procesos de erosión lateral y en el propio lecho del cauce
  • Destrucción de la vegetación de ribera
  • Anulación de los procesos de regeneración de las comunidades vegetales ribereñas
  • Destrucción de microhábitats
  • Reducción acusada de la biodiversidad
  • Impacto negativo sobre especies animales que pueden estar protegidas o en peligro de extinción
  • Incremento de especies oportunistas algunas de las cuales pueden ser perjudiciales para los intereses humanos.
  • Fuerte empeoramiento del estado ecológico (Incumplimiento de la Directiva Marco del Agua)
  • Aumento de las puntas de velocidad de corriente
  • Anulación de procesos morfodinámicos (transporte, sedimentación, etc.)
  • Impacto paisajístico
  • Generación de conflicto social entre quienes rechazan y apoyan estas actuaciones (suelen estar poco consensuadas) 

EXTENSIÓN 4-Fig 1 foto 2

EXTENSIÓN 4 -Fig 1 Foto 1

Operaciones de limpieza no selectiva y con maquinaria pesada y aspecto final de la intervención en el río Eliche (Los Villares, Jaén). © Ecologistas en Acción. 

 

Debemos desterrar el concepto de limpieza de cauce como elemento prácticamente único y central de la gestión de los diferentes tramos fluviales. Un departamento responsable de la conservación y mantenimiento de cauces será responsable de realizar limpiezas selectivas de la vegetación no deseada (especies invasoras o que no ocupen su lugar en la comunidad natural de las riberas) cuando éstas se consideren necesarias. Pero igualmente deberá desarrollar pequeñas actuaciones de restauración, rehabilitación o mejora, acciones para prevenir el deterioro de los tramos en buen estado ecológico, etc. En definitiva, velar por el no deterioro y/o recuperación, siempre que sea posible, del buen estado de la masa de agua. Por ello decimos que el concepto que debe prevalecer en los organismos de gestión es el de “mantenimiento y conservación de cauces”.

Cabe señalar que las actuaciones que promueven labores de tratamiento selectivo de la vegetación (desbroces, podas, plantaciones, etc.) suponen una importante fuente de jornales para mano de obra especializada y un menor impacto ambiental a todos los niveles frente al uso abusivo y generalizado de maquinaria pesada.