Tendencias contradictorias en el regadío actual: mejora de la eficiencia en el uso del agua y aumento de la insostenibilidad energética

La modernización de regadíos, con la introducción de sistemas de riego presurizados y el incremento del uso de las aguas subterráneas, ha comportado un gran aumento de la demanda de energía eléctrica por el regadío. Según datos del Plan Nacional de Regadíos H-2008, en el año 1995 se consumían 1173 KWh por ha. Una estimación para el año 2007 eleva esta cifra a unos 1560 KWh por ha. Canarias (6585 KWh por ha), Murcia (3276 KWh por ha) y  Comunidad Valenciana, Baleares, Castilla La Mancha y Andalucía, todas ellas con más de 1000 KWh por ha, son las regiones con regadíos de mayor consumo energético.

Hay una estrecha relación entre utilización de aguas subterráneas, en muchos casos con masas de agua en mal estado cuantitativo, y alto consumo energético.

Una manera integrada de aproximarse a la sostenibilidad del regadío español consiste en analizar la evolución del consumo de los recursos naturales de agua y energía en los últimos 40 años: la mejora de la tecnología de riego, y la formación de los regantes, ha permitido mejorar bastante la eficiencia en el uso del agua, pero a costa de aumentar fuertemente el consumo de energía. Se utiliza un 23% menos de agua, pero se necesita un 69% más de energía.

No es posible con criterios de sostenibilidad hidrológica, económica, social, territorial o ambiental aumentar de forma importante la disponibilidad de recursos hídricos. A cambio, nos queda mucho camino por explorar en la mejora de la eficiencia en la utilización de estos recursos, medida en idénticos parámetros de sostenibilidad.

Con esta nueva visión tendremos que repensar la política de regadíos, olvidando los objetivos de crecimiento de los mismos, sin perjuicio de su reestructuración interna, primando los de una mayor eficiencia productiva y en el uso del agua: nuevos elementos deberán empezar a formar parte del debate sectorial y político, tales como las reorientaciones productivas, las reasignaciones de recursos hídricos, las modernizaciones tecnológicas y de riegos, los mercados del agua, las cadenas agroalimentarias, la ecocondicionalidad de las ayudas de la PAC, entre otros. Un debate imprescindible y una adaptación que necesitará de la complicidad de todo el sector agrario y el apoyo decidido de las Administraciones.