Agua, regadío y soberanía alimentaria

La sostenibilidad del regadío y de sus demandas hídricas no es independiente del sistema agroalimentario industrial, del cual forma parte. Frente a ello es necesario impulsar otros modelos, como los que propone Soberanía Alimentaria. Estos nuevos modelos agrarios y de producción de alimentos más sostenibles han de basarse en la identidad territorial y cultural, la producción de alimentos de calidad a precios asequibles, una agricultura intensiva en conocimiento y en empleo cualificado, en lugar de intensiva en capital y explotación de recursos, una economía rural diversificada y la sostenibilidad hídrica. La reconversión del regadío ha de concretarse de forma diferente según las características de cada territorio, desde la evitación estricta de la expansión del regadío a la reducción de la superficie regada en aquellos territorios en los que se ha excedido lo sostenible.

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La rentabilidad y otros aspectos socioeconómicos esenciales de los sistemas agrarios no son independientes del sistema agroalimentario industrial que actualmente los gobiernan, imponiendo sistemas de precios y otros condicionantes, dada la debilidad del agricultor en la cadena alimentaria. Como se ha señalado desde visiones como la Soberanía Alimentaria, este sistema agroalimentario industrial, de cuyo engranaje el regadío constituye un componente fundamental, representa un modelo productivista que agrava la situación de las comunidades rurales y de los ecosistemas que las sustentan y en el que otros modelos agrarios no productivistas o que no pivoten en torno al regadío tienen menores posibilidades de supervivencia. Estos otros modelos necesitarían basarse en un nuevo pacto rural-urbano en el que ambos ámbitos salgan mutuamente beneficiados.

Por otra parte el regadío cuenta con un fuerte apoyo social, político y financiero como la última esperanza de rentabilizar el secano. De hecho, se siguen proponiendo importantes incrementos de regadío en España, pese a que la expansión de la superficie regable en las últimas décadas ha sobrepasado cualquier límite razonable. Claramente, en muchos territorios el regadío está hipotecando la posibilidad de mejoras significativas en nuestros ríos, acuíferos y humedales, tanto a nivel cuantitativo como cualitativo.

Es necesario por ello plantear cuáles son las posibilidades de hacer viables modelos como los que propone Soberanía Alimentaria sobre la base de un nuevo pacto rural-urbano, qué papel ha de jugar el regadío en esos modelos y en qué medida podría ser necesario - y con qué criterios - reducir el regadío en aquellos territorios donde la expansión del regadío ha sobrepasado lo razonable.

Viabilidad de un pacto rural-urbano y el modelo propuesto por Soberanía Alimentaria

La cuestión de cuánto regadío es necesario y posible no es independiente del modelo de producción de alimentos. El propuesto por Soberanía Alimentaria no es posible como modelo alternativo general si se parte de las actuales condiciones, pero dicho modelo puede ser viable si se cambian dichas condiciones, como el mercado global de alimentos, los precios de la energía y la necesidad de precios reales que incorporen todos los costes energéticos, ambientales y sociales de los distintos sistemas de producción de alimentos.

Es necesario cuestionar el modelo general de producción de alimentos, en el cual la agricultura intensiva y el regadío y por tanto las demandas hídricas agrarias se insertan. Este modelo productivista necesita ser superado a través de un pacto rural-urbano que refuerce los vínculos territoriales frente al dominio de las corporaciones globales y en la línea de los enfoques propuestos por Soberanía Alimentaria, lo que requiere cambios profundos, de largo plazo y que afectan a todas las escalas, desde la local a la global. No obstante, no hay que olvidar que son también posibles y necesarios otros cambios más locales y a corto plazo que permiten avanzar en la buena dirección.

¿Cuáles serían las bases de un nuevo modelo agrario y de producción de alimentos más sostenible a nivel ambiental, social y económico? Se pueden identificar cinco grandes ejes:

1) la identidad territorial y cultural

2) la producción de alimentos de calidad a precios asequibles

3) una agricultura intensiva en conocimiento y en empleo cualificado, en lugar de intensiva en capital y explotación de recursos

4) una economía rural diversificada, no supeditada al regadío

5) la sostenibilidad hídrica, evitando que una expansión excesiva del regadío ponga en riesgo el buen estado de ríos y acuíferos o genere otros impacto ambientales y sociales.

¿Cómo podemos avanzar hacia ese modelo? Es necesario impulsar iniciativas a las distintas escalas espaciales y temporales:

A escala local y en el corto plazo, se deben eliminar los subsidios perversos, apoyar la agricultura ecológica, fomentar los circuitos de proximidad, establecer sinergias con otros actores para integrar la producción agraria en circuitos de creación de valor añadido a escala local y elaborar estrategias de comunicación y de formación del consumidor y de las poblaciones urbanas.

A escalas espaciales intermedias y a medio plazo, hay que abordar un cambio profundo de la Política Agraria Comunitaria (PAC), dado que la última reforma de la PAC refuerza el modelo productivista actual y agrava la situación de las comunidades rurales y de los ecosistemas que las sustentan. Además hay que integrar las políticas sectoriales (como la agraria, la territorial-urbanística y la política hídrica) y mejorar los canales de distribución y comercialización.

A escala global y a largo plazo los cambios profundos requerirán que los productos agrarios y los alimentos tengan precios reales, que incorporen tanto los beneficios como los costes sociales, ambientales y energéticos de la producción y del transporte de alimentos. Esto impulsaría una reordenación socioecológica ambiciosa, que debe contar con una amplia participación ciudadana.

La necesaria reconversión del regadío

Pese a que la mitad  de  las  masas  de  agua  de  nuestros  ríos  y acuíferos no alcanzan el buen estado al que les obliga la Directiva Marco de Agua, se siguen  proponiendo importantes incrementos de regadíos en España que de consumarse inevitablemente empeorarían la situación existente. Es cada vez más evidente la necesidad de una reconversión del regadío que se concretará de forma diferente según las características de cada territorio. Las estrategias a adoptar pueden ir desde la reducción de la superficie regada y la reconversión a cultivos de secano -en aquellos territorios en los que se ha excedido lo sostenible- hasta la protección de los regadíos tradicionales, pasando por soluciones intermedias de transformación hacia cultivos con menores necesidades hídricas o de evitación estricta de la expansión del regadío. Para ello deben plantearse hojas de ruta específicas con criterios adecuados y herramientas que lo posibiliten.

A la hora de identificar los regadíos sobre los que habría que definir estrategias para su reducción progresiva por haber sobrepasado los umbrales de sostenibilidad, se pueden utilizar criterios relativos a las limitaciones hídricas, la rentabilidad económica, la sostenibilidad ambiental y territorial y la viabilidad social, como los que se indican a continuación.

Criterios de limitaciones hídricas. Se pueden utilizar indicadores como el Indice de Explotación Hídrica (WEI) y otros similares, que cuantifican la proporción de recursos hídricos disponibles que es captada o que es utilizada para usos consuntivos.

Criterios de rentabilidad económica. Se trata de identificar los regadíos que no serían viables económicamente sin subvenciones y, a un nivel más amplio, evaluar  la rentabilidad del regadío tras incorporar los costes ambientales.

Criterios de sostenibilidad ambiental. La Directiva Marco del Agua establece distintos indicadores sobre el estado cuantitativo y cualitativo de las masas de agua que permiten identificar las áreas donde el regadío ejerce una presión excesiva sobre ríos y acuíferos. Estos indicadores abarcan entre otros, los relativos a los   caudales circulantes, la sobreexplotación de acuíferos e indicadores sobre contaminación de origen agrario (fertilizantes, plaguicidas).

Criterios de sostenibilidad territorial: Se trataría de identificar las áreas con un regadío excesivo, valorando la ubicación y proporción de territorio ocupado por regadío, si bien son necesarios nuevos avances para disponer de indicadores fácilmente aplicables.

Criterios de viabilidad social: El concepto de "regadíos de interés social" se ha  mantenido como cliché pero su sentido viene siendo cada vez más cuestionado con el tiempo. Dada la dificultad de definir con precisión qué se considera como regadío de interés social, se propone sustituir dicho concepto por criterios operativos más concretos, como los relativos al impacto en el empleo local, la distribución de costes y beneficios y la identificación de los regadíos con elevada conflictividad social.

En las zonas donde sea necesaria una estrategia de reducción progresiva del regadío, se pueden aplicar distintos instrumentos como los siguientes:

Herramientas jurídicas y de planificación, como la eliminación de perímetros irregulares, la revisión de derechos concesionales y la modificación de asignaciones anuales de agua de las concesiones, sobre la base de la obligación de cumplir con la Directiva Marco del Agua.

Herramientas económicas, con una aplicación amplia de la recuperación de costes, incluyendo los ambientales y energéticos y una reforma profunda de los sistemas de subvenciones agrarias, con eliminación de las subvenciones perversas y su sustitución por ayudas vinculadas a criterios ambientales y sociales de interés público que deben concretarse con procesos de participación pública. Además es necesario promover una economía rural en general más diversificada y equilibrada entre secano y regadío y entre las actividades agrarias y las no agrarias.

Estrategias de comunicación, que permitan mostrar las ventajas del secano y visibilizar las diferencias entre los distintos tipos de agriculturas y de regadíos.

El secano, en general poco valorado y apoyado, puede ser una opción viable a través de iniciativas como el aprovechamiento sostenible de cultivos de secano de alto valor, la integración en circuitos de valor añadido a través de transformación artesanal e industrias locales, la elaboración de un Plan específico de I+D para el secano y el apoyo financiero al secano, por ejemplo a través de una reforma de las subvenciones de la PAC y los Planes de Desarrollo Rural.

Por otra parte, los criterios señalados ayudarán a diferenciar los regadíos de menor interés público de aquellos con un elevado valor ambiental, territorial y cultural, por lo que deben ser activamente apoyados, como en el caso de muchos regadíos tradicionales. Los regadíos de vega (huertas y agropaisajes similares) necesitan ser conservados por sus valores productivos, ambientales y culturales. Las medidas para su conservación incluyen la protección urbanística en los planes municipales de ordenación, el establecimiento de figuras específicas de protección para los regadíos tradicionales y la reorientación de las subvenciones, identificando a estos agropaisajes como parte de los sistemas agrarios que por su interés ambiental y social deben ser apoyados.

Finalmente la experiencia acumulada muestra las limitaciones de las políticas indiscriminadas de modernización de regadíos que han actuado sobre más de 1,5 millones de hectáreas, con una inversión  cercana  a  los  6.000  millones  de  euros  y  una  financiación  pública  del  orden  del 70%. Se necesita una evaluación detallada de estos planes de modernización de regadíos en relación con su utilidad, costes y beneficios reales. La aplicación de estos planes debe estar condicionada a la obtención de ahorros reales de agua, para lo que se requiere una buena contabilidad del agua y la revisión de los derechos concesionales. Además deben prevenirse los efectos contraproducentes de estos planes, como una mayor intensificación de cultivos, lo que da lugar a un aumento del consumo de agua,  así como los mayores costes económicos y energéticos de los nuevos sistemas de riego. Por otra parte, la modernización de regadíos puede ser particularmente contraproducente en los regadíos tradicionales.

"La reforma de la Política Agraria Comunitaria (PAC) refuerza el modelo productivista actual y agrava la situación de las comunidades rurales y de los ecosistemas que las sustentan"

"Necesitamos cambios a escalas locales y de corto plazo, como una reforma profunda de las subvenciones y también a escalas globales y de largo plazo, como precios reales que reflejen los costes ambientales, sociales, energéticos y del transporte de todos los alimentos y productos agrarios"

"La expansión del regadío en el Estado español ha sobrepasado cualquier límite razonable. Pese a que la mitad de las masas de agua incumplen la Directiva Marco del Agua por no alcanzar el Buen Estado, se siguen proponiendo incrementos de regadío que empeorarían el estado de ríos y acuíferos "

"La reconversión del regadío donde se haya excedido lo razonable, a través de distintos instrumentos como los jurídicos y los económicos, unido a un apoyo decidido al secano, a través de planes de I+D y de la reorientación de las subvenciones, ayudarán a dibujar un medio rural más diverso y sostenible".

"Los regadíos tradicionales constituyen un valioso agropaisaje con un importante patrimonio ambiental y cultural. Estos regadíos tradicionales deben conservarse y recuperarse para la producción agroecológica, tanto para autoabastecimiento como para la producción profesional de proximidad".

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¿Cómo podemos impulsar la agricultura de proximidad?

¿Qué iniciativas permitirían aumentar la rentabilidad y viabilidad del secano?

¿Cómo se podría avanzar en la recuperación de los costes del agua incluyendo los ambientales, a la vez que se apoyan los regadíos de elevado valor ambiental, social y cultural?

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