Ordenación territorial de corredores fluviales: El caso del río Genil en la vega de Granada

El principal objetivo de los proyectos fluviales actuales consiste principalmente en acondicionar el espacio del río para su aprovechamiento y disfrute, preservando las funciones ambientales y haciéndolas compatibles con las diferentes actividades urbanas y agrícolas. Este objetivo se está poniendo en práctica en los últimos años en diversas experiencias planificadoras de Corredores Fluviales, en las que teniendo en cuenta las llanuras de inundación, se establecen usos compatibles con la ocupación periódica del agua, sobre todo relacionados con la agricultura, el ocio y el patrimonio. Este es uno de los retos actuales en relación a la ordenación territorial; desarrollar Planes que rescaten y potencien el río como un espacio de actividad, recuperando su identidad natural. En este artículo se muestra la aplicación de estos principios en el entorno metropolitano del río Genil, enla Vega de Granada, un espacio amenazado por la urbanización y la desaparición progresiva de la actividad agrícola.

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Adecuar el espacio fluvial para su uso sin perjudicar las funciones ambientales propias de los ríos se ha convertido hoy en día en una prioridad tanto social como ambiental. Para ello, en los últimos años se han desarrollado muchos proyectos que persiguen compatibilizar la utilización del recurso agua y los diferentes usos del suelo con la conservación de los espacios fluviales.

El principal problema que se ha presentado en ellos ha sido la colisión que se produce entre las dinámicas y características de los ríos y las de las áreas urbanas, la incompatibilidad entre el dinamismo y la diversidad propias de los primeros, y la permanencia y uniformidad de las segundas. Estas diferencias hacen necesario encontrar nuevos métodos de planificación que permitan acercarnos un poco más a la convivencia de un sistema natural como el río, en un entorno ocupado por las actividades humanas.

En este sentido se empieza a considerar la posibilidad de establecer limitaciones en el uso del suelo perifluvial, de forma que las actividades que se lleven a cabo sean compatibles con la ocupación ocasional del agua. Así, el análisis de las llanuras de inundación está tomando cada vez más importancia en los planes de gestión fluvial y enla planificación urbana en todo el mundo.

La tendencia actual en la gestión fluvial está siendo la sustitución del concepto de Dominio Público Hidráulico como un espacio de dimensiones fijas fruto de la visión estática generada por el encauzamiento, a otro concepto más acorde con la realidad dinámica de los espacios fluviales; espacio de libertad y de inundación. Sin embargo, la consideración única de estos resulta insuficiente en la planificación de los entornos fluviales, pues son muchas más las variables que están presentes en estos lugares llenos de complejidad y de riqueza. La agricultura, la infraestructura hidráulica, la vegetación, la red de caminos o el patrimonio son algunos de los sucesos que nos encontramos con frecuencia y que nos presentan una enorme potencialidad de recualificación y regeneración de estos espacios, en muchas ocasiones amenazados por la presión urbanística y degradados por su situación de borde en las aglomeraciones urbanas.

Nuestros ríos se están viendo afectados por multitud de actuaciones, -tanto en el cauce como en los terrenos colindantes-, que están modificando sus características naturales, provocando la pérdida de su identidad como ecosistema y su función de nexo entre la naturaleza y el hombre. Resulta necesario por tanto definir Criterios de Ordenación y propuestas específicas para los corredores fluviales, que sirvan de referencia a futuras actuaciones por parte de la administración y los agentes sociales, propuestas que deben iniciarse desde el río y deben considerar los lugares de actividad humana, recuperando el ecosistema fluvial e intensificando las actividades que preserven y activen sus valores.

Así, los usos perifluviales deben fomentar la multifuncionalidad, desplegando efectos y creando paisajes vivos, no sólo en términos ecológicos sino también culturales. Por otro lado, deben planificarse los principales itinerarios transversales y longitudinales en torno al río, las zonas susceptibles de uso público en su relación con el agua, los bordes fluviales y urbanos, y los principales ámbitos fluviales de transformación.

Respecto del cauce, debe llevarse a cabo su restauración, recuperando en la medida de lo posible su morfología natural, con nuevas secciones para los distintos tramos en función de la presión antrópica a la que se encuentren sometidos, al carácter urbano o rural de la zona, a las infraestructuras y usos del suelo colindantes y a la potencialidad de uso ciudadano y lúdico. Estas secciones deben diseñar los espacios perimetrales como elementos de nexo entre el cauce y el territorio, potenciando así la relación entre ambos.

Por último, es necesario profundizar en el conocimiento de las políticas territoriales y en los agentes implicados en el corredor fluvial, tanto públicos como privados, con el fin de poner en común las experiencias y trabajos que se estén desarrollando, aprovechando así las sinergias existentes que generalmente quedan relegadas por falta de difusión. De este modo se podrá construir un espacio de conocimiento y diálogo, del que nacerán realidades que harán más habitable el territorio fluvial, tan rico como complejo.

En el caso del río Genil a su paso porla Vega de Granada, son muchas las iniciativas que se están sumando para la conservación de este espacio agrofluvial de un gran valor ambiental, agrícola y patrimonial. Sin embargo, su desnaturalización y progresiva ocupación están poniendo en peligro una de las señas de identidad de este lugar. Es por ello que la región de Granada reclama una adecuación de la estructura del sistema metropolitano, que permita un crecimiento y desarrollo compatible con la conservación de la actividad agrícola y con el uso lúdico y natural de un entorno periurbano, a medio camino entre el campo y la ciudad.

La Vega de Granada ha sido históricamente un territorio en el que se han sucedido las avenidas, causa principal por la que el suelo presenta unas condiciones ideales para el desarrollo de la agricultura. Sin embargo, la presión antrópica en torno a su eje vertebrador, el río Genil, ha provocado la necesidad de asegurar estos espacios frente a inundaciones, haciéndolos más seguros para su utilización. Así, la construcción de los embalses aguas arriba y los encauzamientos a lo largo de todo su recorrido han eliminado, en principio, las avenidas que tan beneficiosas eran para la riqueza del suelo, pero a cambio han proporcionado una aparente seguridad frente a las inundaciones que ha generado una ocupación, en cierto modo incontrolada, de los espacios fluviales.

Esta teórica ‘seguridad’, condicionada por la probabilidad de ocurrencia de las lluvias, ha quedado en entredicho con las numerosas inundaciones ocurridas en los últimos años, que han generado graves daños en las infraestructuras viarias produciéndose numerosos cortes de tráfico y daños importantes en la agricultura y en las viviendas colindantes.

Estos hechos no son sino una ratificación de la necesidad de llevar a cabo un ‘Plan de Ordenación del Espacio Fluvial dela Vega de Granada’, con objeto de evitar posibles catástrofes y conservar la riqueza ecológica y agrícola de este tipo de espacios. Así, para elaborar un plan de este tipo, es necesario contar con cartografías de riesgo de inundabilidad que nos permitan delimitar corredores de protección que no sean ocupados por usos incompatibles con la inundación ocasional.

Así, estos corredores deben proteger, regenerar y recualificar los espacios fluviales y agrícolas más cercanos al río, restringiendo los usos existentes de forma que se lleve a cabo un deslinde en aquellas zonas de especial riesgo.  Para ello los planes de ordenación deben:

  • Cuantificar el potencial riesgo de inundación existente.
  • Proteger las áreas agrícolas tradicionales de la presión urbanística.
  • Limitar el uso de los espacios fluviales para hacerlos compatibles, en la medida de lo posible, con la ocupación transitoria del agua.
  • Recuperar la función natural de la inundabilidad del río mediante la protección de los espacios fluviales y su recualificación.
  • Crear un espacio para el uso y disfrute del ciudadano en aquellos lugares más cercanos a las ciudades.
  • Recualificar los terrenos agrícolas y Potenciar su uso agrícola, lúdico, cultural y ambiental.

Para delimitar los corredores de protección del espacio fluvial es necesario obtener previamente las cartografías de riesgo de inundabilidad, aspecto crucial en la definición territorial de los espacios de libertad del río. Utilizando como base la llanura de inundación de período de retorno 500 años, se deben definir diferentes corredores que supongan la recuperación por fases de los espacios para el río y la ciudadanía.

Una vez delimitados estos corredores, es necesario llevar a cabo un análisis de los usos del suelo existentes para definir con detalle las propuestas de ordenación y recualificación de estos espacios. Para ello, debe realizarse una clasificación de los usos existentes en base a su compatibilidad con la ocupación transitoria del agua.

Por otro lado, no pueden olvidarse las acciones urbanas, basadas principalmente en el patrimonio edificado industrial y agrícola, tanto en la valoración de elementos catalogados como puntos de articulación y de creación de lugares vinculados a los itinerarios y umbrales urbanos, como en la puesta en valor de determinadas viviendas, patios, huertas, secaderos… que mediante transformaciones de rehabilitación, reciclaje, reurbanización, o renovación conserven vivo el patrimonio existente.

Las acciones ambientales resultan también indispensables para la recuperación ecológica del ecosistema fluvial. Así, deben definirse acciones en el cauce del río que respondan a la necesidad de su restauración, recuperando en la medida de lo posible su morfología natural, con nuevas secciones para los distintos tramos en función de la presión antrópica a la que se encuentren sometidos, al carácter urbano o rural de la zona, a las infraestructuras y usos del suelo colindantes y a la potencialidad de uso ciudadano y lúdico. Estas secciones no sólo deben tener en cuenta el límite propiamente dicho del cauce, si no que se deben diseñar los espacios perimetrales como elementos de nexo entre el cauce y el territorio, potenciando así la relación entre ambos.

Al respecto del sector agrícola, es necesario establecer estrategias y líneas generales de actuación que ayuden a poner en valor la agricultura enla Vega de Granada, mejorando la eficiencia y productividad del regadío y asegurando así su permanencia. Para ello se debe trabajar principalmente sobre el parcelario existente y su infraestructura hidráulica, desarrollando un programa de medidas que sirva para impulsar una agricultura competitiva capaz de optimizar sus ventajas agroclimáticas, estructurales y de situación, de explotar su potencial de liderazgo tecnológico y comercial en algunos sectores y de fortalecer su posición en los mercados y en los distintos foros de decisión. Así mismo, se deben proponer algunas acciones en relación a la renovación y modernización del sector, no sólo en cuanto a medios técnicos, si no también de potencial humano y organización comercial de los productos agrarios.

En cuanto a los bordes urbanos, debe trabajarse en la clarificación de los umbrales urbanos y en el buen equilibrio en la relación ciudad-campo, potenciando la infiltración mutua de lo urbano en la vega y de la vega en la ciudad y favoreciendo en estos lugares las puertas hacia los itinerarios propuestos. Se debe hacer especial hincapié en las lindes parcelarias y las tapias, en las trazas de los árboles y su labor como señalización de itinerarios, en la mejora de la visibilidad de la red de acequias en la trama urbana,… dotando a los pueblos de nuevas fachadas urbanas.

Por último, el plan debe profundizar en el conocimiento de las políticas territoriales y en los agentes implicados en ámbito de estudio, tanto públicos como privados, con el fin de poner en común las experiencias y trabajos que se están llevando a cabo en este territorio tan rico, aprovechando así las sinergias existentes entre ellos que generalmente quedan relegadas por falta de difusión. De hecho, el sentimiento de identidad propia, común a los habitantes dela Vega y los residentes de la capital, y puesto de manifiesto en las numerosas asociaciones ciudadanas y voluntariado y en los estudios y entidades públicas que trabajan sobre la zona, supone un recurso con el que se construye este territorio que posee un valor inestimable.

En resumen, es necesario definir para este territorio una serie de corredores en torno al río Genil que deberán proteger los espacios fluviales y agrícolas más cercanos al río frente a la ocupación urbana, sirviendo como base para iniciar un proceso de expropiación, deslinde y planificación sucesivo. Estos corredores se deberán definir en base a la inundabilidad del río, a las características físicas de la zona -sobre todo del parcelario- y a las potencialidades de uso en su relación con las principales trazas del territorio (caminos, acequias, arroyos, itinerarios principales…) definiendo también una clasificación de los usos del suelo existentes en base a su compatibilidad con la ocupación transitoria del agua.

Deberá prestarse especial atención a la búsqueda de usos futuros en los que se prime la accesibilidad del ciudadano, fomentando múltiples procesos, desplegando efectos y creando, de esta forma, paisajes vivos, no sólo en términos biológicos sino también culturales, imaginativos y cargados de experiencia.

Los Criterios de Ordenación servirán para realizar un Plan de Ordenación del Espacio Fluvial dela Vega de Granada que servirá de referencia a futuras actuaciones por parte de la administración y los agentes sociales. 

Adecuar el espacio fluvial para su uso sin perjudicar las funciones ambientales propias de los ríos se ha convertido hoy en día en una prioridad tanto social como ambiental.

Se empiezan a establecer limitaciones en el uso del suelo perifluvial, de forma que las actividades que se lleven a cabo sean compatibles con la ocupación ocasional del agua.

Los usos perifluviales deben fomentar la multifuncionalidad, desplegando efectos y creando paisajes vivos, no sólo en términos ecológicos sino también culturales.

Debe llevarse a cabo la restauración del cauce recuperando en la medida de lo posible su morfología natural, con nuevas secciones en función del carácter urbano o rural de la zona y a la potencialidad de uso agrícola, ciudadano y lúdico.

En la Vega de Granada es necesario definir corredores en torno al río Genil que protejan los espacios fluviales y agrícolas frente a la ocupación urbana, sirviendo como base para iniciar un proceso de expropiación, deslinde y planificación sucesivo.

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Ordenación territorial del espacio fluvial del río Genil

¿Qué organismos son los responsables de establecer medidas de protección, restauración y planificación en los espacios fluviales?

¿Ante sucesos de inundación y pérdidas de vidas humanas y económicas, quién debe responder?

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