El río como un continuo

Otro de los modelos que se ha utilizado para explicar el funcionamiento de los ríos es el que conecta todo el río sin divisiones y propone la interpretación ecológica y funcional del río como un continuo. Este concepto  proporciona por vez primera cohesión al concepto del río como un ecosistema único.

Este modelo propone que lo que fluye en un tramo determinado de río es el arrastre de lo que viene del tramo anterior, compuesto en parte por lo que no quisieron o no pudieron comer los seres vivos que estaban aguas arriba y sus excreciones. Unido a este flujo de nutrientes y alimento hay en cada tramo un equilibrio entre la potencia que tiene el agua—debido a su menor o mayor cantidad y a la menor o mayor pendiente del cauce—, y el tamaño de este—ancho, profundidad—, que hace que los sedimentos y materiales que transporta el río se depositen o sean transportados aguas abajo.  Bajo este concepto del río se analiza con detalle, por ejemplo, la evolución de la materia orgánica en las aguas. Así, se produce una sucesión de especies a lo largo del río que son las que pueden comer el tamaño de materia orgánica que baja por un tramo determinado en cada momento, y que es consecuencia de la que dejaron pasar las comunidades que estaban arriba, o de la degradación de la que utilizaron las que estaban arriba.

Como consecuencia de la propia dinámica del sistema fluvial, que viene impuesta por la  corriente del agua que lo arrastra todo, en los ríos se está produciendo de forma constante un flujo de energías corriente abajo. En cada tramo se trata de aprovechar al máximo la energía que pasa por él, haciendo que sea mínima la exportación o salida de esta energía mediante el almacenamiento o retención de la misma en forma de materia orgánica. Podemos imaginar el viaje de un nutriente en el agua que fluye, arrastrado por la corriente en unos tramos, capturado en otros y procesado y asimilado por las comunidades biológicas que finalmente lo excretan a las aguas, siendo nuevamente arrastrado aguas abajo hasta ser una vez más aprovechado por otras comunidades de tramos más bajos. Esto se conoce como espiral de nutrientes puesto que los nutrientes a veces bajan y a veces son retenidos por los organismos de un tramo.

Según los ecólogos fluviales, como todo ecosistema bien organizado, un río trata de optimizar los recursos y cada comunidad biológica tratará de retener los nutrientes el mayor tiempo posible. En los tramos que han sido alterados por el hombre no hay capacidad de retener los nutrientes y aprovechar la energía, la comunidad está desestructurada, es escasa y poco eficiente, y los anillos de la espiral son largos, dejando escapar los recursos aguas abajo. En los ríos que funcionan bien, la complejidad de la comunidad biológica, sus correctas adaptaciones y relaciones con el medio retienen más y mejor los nutrientes y la energía, haciendo que la espiral sea más corta.

Todos estos procesos que hacen del río un ecosistema variado, multifuncional, con diversidad de hábitats y que es modificado por las actuaciones humanas, puede ser medido mediante indicadores, biológicos o hidromorfológicos, que definen el estado ecológico del río en términos de su complejidad y correcto funcionamiento. Los ríos uniformes, con una comunidad biótica escasa y poco variada dan valores en los índices de calidad bajos. Esto se desarrolla en mayor detalle en otra sección de este apartado de la guía: "¿Cómo sabemos que un río está bien conservado?".

El tipo de movimiento o aprovechamiento de los compuestos orgánicos del río, con una constante exportación hacia aguas abajo en forma cada vez más degradada o disuelta para ser aprovechada por los organismos productores (plantas verdes), contribuye notablemente a la capacidad de autodepuración de los ríos, junto a las posibilidades de aireación de las aguas y a las propias actividades biológicas de los restantes organismos acuáticos.

Modelos de funcionamiento de los ríos proponen una estabilización de las corrientes a medida que vamos descendiendo por el río. Desde un punto de vista geomorfológico, los arroyos y afluentes de cabecera van confluyendo y organizándose en un sistema de evacuación cada vez con menos cauces; desde un punto de vista hidrológico, los diferentes regímenes de caudales y velocidades de las aguas de cada río se van compensando cuando se unen en el principal; y desde un punto de vista químico, se van mezclando aguas de características fisicoquímicas muy diferentes, que drenan cuencas de distinta naturaleza geológica, determinando a partir de su confluencia el aumento del área total drenada, siendo cada vez menor la influencia que pueden tener en las aguas del cauce principal las características puntuales de una porción de su cuenca, y mayor el efecto homogeneizador del mismo.

Desde un punto biológico, también aguas abajo se va produciendo una mayor estabilización por competencia y relación continua entre las diferentes poblaciones y comunidades que van apareciendo en el río. Las condiciones de estabilización, competencia eficacia en la asimilación de recursos, fluctuaciones del medio fluvial relativos a caudales, temperaturas, materia orgánica, etc. (tramos altos y sobre todo medios), producen una riqueza y variedad de especies particular de cada tramo. Los cambios que introducen los seres humanos en esas condiciones, hacen que nos encontremos  con sistemas muy estresados, tolerados únicamente por las especies más pioneras, en el caso de los peces son colonizadas por especies exóticas, en estos tramos se produce en consecuencia una  disminución, notable de  la diversidad biológica.

El modelo del río como un continuo fue uno de los primeros que se propusieron para explicar el funcionamiento de los ríos. Actualmente existen otros o al menos existen autores que critican este modelo, principalmente porque hay que considerar las relaciones que el ecosistema fluvial establece con los ecosistemas próximos, intercambiando materia, energía y caudales, las exportaciones e importaciones de agua, nutrientes y energía en puntos muy concretos, en los que el río por ejemplo se desborda e inunda la llanura aluvial aportando agua y sedimentos, modificarían considerablemente el modelo anterior, también las intervenciones humanas en las que se detiene el flujo del agua y de las sustancias que transporta, por ejemplo en las presas serían otra de las excepciones a este modelo de funcionamiento general.

Lo que si aporta de interesante este modelo es la necesidad de considerar que las actuaciones que se realizan en el curso de un río aguas arriba van tener repercusiones en el funcionamiento del mismo aguas abajo, los cambios producidos en las cabeceras de los ríos, tendrán sus consecuencias río abajo, y esto sirve para reforzar el modelo de gestión integrada de cuenca, según el que no es conveniente  dividir  la cuenca para sus gestión en compartimentos aislados, como podría ocurrir en un sistema de gestión autonómico de algunos de nuestros grandes ríos.