Alteraciones producidas por las actuaciones humanas en los ecosistemas fluviales

Los ecosistemas fluviales están fuertemente alterados como consecuencia de la actividad humana. Abastecen de agua a la población y de ellos se extraen grandes volúmenes para satisfacer diversas necesidades, principalmente la agricultura de regadío que consume más del 70% del agua en España. Los ríos españoles proporcionan anualmente más de 110.000 millones de metros cúbicos (hectómetros cúbicos o Hm3) de agua y la recarga anual a los acuíferos se estima en unos 30.000 Hm3. La capacidad total de los embalses que regulan los ríos españoles  se estima en 54.380 Hm3, es decir regulan el 50% del agua generada en las cuencas. El reto está en abastecer las necesidades humanas de agua sin producir las graves alteraciones que ahora podemos observar en la mayor parte de los ecosistemas acuáticos de nuestro país.

No solo la extracción de agua para abastecimiento y actividades económicas produce cambios en los ecosistemas fluviales. Otros acciones del hombre también contribuyen a que esta degradación haya llegado a extremos prácticamente irreversibles. Así, por ejemplo, encontramos ríos donde los únicos caudales que transportan son las aguas residuales que recogen en las ciudades; o ríos canalizados que han dejado de ser ecosistemas vivos . Las alteraciones de los ecosistemas fluviales se pueden agrupar en:

  • Modificación del régimen de caudales.
  • Reducción de la calidad de las aguas.
  • Alteración de la morfología fluvial.
  • Intervenciones en la cuenca vertiente, es decir, los usos del suelo y el territorio.
  • Cambios en la composición de la comunidad de seres vivos.

IFigura 5 DBLos ríos españoles han sido modificados por construcciones hidráulicas que regulan sus caudales y estos son desviados hacia las zonas de aprovechamiento, alterando la cantidad de agua que fluye por ellos. Además de la modificación del régimen de caudales estas obras también han alterado la morfología de los ríos. Existen otras obras que se han ejecutado en sus cauces que han modificado la estructura morfológica, impidiendo en muchos casos la conectividad de los cauces con las llanuras de inundación o modificando los hábitat naturales de los pobladores de los ríos. Los obstáculos que encontramos en los ríos, para almacenar o elevar el nivel de agua, o para defensa de las poblaciones ribereñas, impiden el transito de especies y materiales y fragmentan hábitat y poblaciones. Otras obras que se hacen directamente en los cauces o sus riberas, como la extracción de áridos, también imponen fuertes modificaciones tanto en la forma del cauce, como en el tipo y cantidad  de sedimentos que llegan a los ríos.

Respecto a la calidad de las aguas, el problema se origina porque nuestros ríos han sido utilizados como colectores de los residuos urbanos e industriales, alterando la composición química de las aguas e incrementando la carga contaminante hasta dificultar la vida en muchos tramos. 

El deterioro que observamos en la estructura y funcionamiento de nuestros ríos puede deberse también a actuaciones en áreas de su cuenca alejadas del propio cauce. Estos problemas pueden originarse por cambios en los usos del suelo, construcciones en las llanuras de inundación, o la invasión de las riberas por agricultura, ganadería y plantaciones arbóreas. En muchas ocasiones esto es debido a que no está bien definido o no se respeta el dominio público hidráulico.

Otro grupo importante de perturbaciones en nuestros ríos viene ocasionado por las especies invasoras que  contribuyen a los cambios en el funcionamiento de los ecosistemas fluviales.  Las alteraciones morfológicas de los ríos resultan en transformaciones de los hábitat fluviales desde sistemas donde el agua fluye con rapidez a sistemas donde el agua se detiene o estanca, lo que favorece la invasión y dominio de estas especies perjudiciales, mejor adaptadas a las condiciones alteradas.

La degradación de los ecosistemas fluviales ha supuesto la pérdida de muchos servicios que nos prestaban de manera natural: mecanismos de regulación como la capacidad para regular las avenidas de agua, las sequías o la erosión, o la capacidad de cuencas y acuíferos de funcionar como “almacenes naturales de agua”; funciones relacionadas con el control de la contaminación difusa, o  la contribución a la fertilidad de los suelos de las vegas. Todos eran resultado de la acción de los ecosistemas asociados al agua cuando funcionaban de forma óptima.